martes, 10 de noviembre de 2009

Viaje para visitar a mi tío

El hecho que voy a contar me sucedió, pues, cuando estaba en la Argentina y hacia de camarero.

Un tío mío había ganado una fortuna comerciando con caballos gracias a su gran prudencia...Tengamos en cuenta que un caballo no es como un saco de maíz o un saco de patatas, un caballo es una bestia que puede romperse una pata, hincharse como un globo, o escaparse y no dejarse ver mas el pelo. Si compras a buen precio, puede suceder que no ganes nada o incluso que llegues a perder dinero.

Por eso mi tío solo se limitaba a venderlos, y dejarse de estos riegos de perder dinero.

Se necesita tener muy buen ojo, como se suele decir: tienes que saber seleccionar el mejor caballo de la manada y saber agarrarlo por el cuello con una buena lazada en pocos segundos.

Además hay que asustar al gaucho con un disparo al aire desde una prudente distancia de unos cien metros.
Por eso mi tío me comenta siempre que cabalgamos por la pampa, que el buen Dios dice “no mataras”y “no robaras”. Yo no robo, solo Comercio -- me dice --

Que el comercia honradamente, solo cobra veinte pesos por caballo…que seria diferente si los cobrase a trescientos pesos cada pata, que eso si que seria un robo.

Pero un buen día mi tío me dejo una nota pegada a la puerta de la casa:

<Durante un par de años conviene que trabajes en otro sitio. Mientras, mantente alejado de los sitios habitados. Un maldito gaucho me ha jugado una mala pasada. Mientras le disparaba una bala a la oreja derecha para asustarle con el zumbido, se ha girado de perfil, y la bala para llegar a la oreja derecha, ha tenido que entrar por la izquierda. ¡No te fíes de los gauchos! Como ves, son peligrosos>

Me marche entonces a la pampa y cuando estuve lo bastante lejos de casa me puse a trabajar para no morir de hambre. No pensaba en lo mas mínimo escribir para los periódicos.
Empecé a caminar por la pampa y me entro un odio profundo a los caballos, hacia aquellos bichos estúpidos que habían incordiado tanto a mi tío. Regale mi caballo bayo a un viejo que, aprovechando una distracción mía, me apuntaba con su pistola, se lo entregué todo porque me dio mucha pena. No quiso mi sobrero porque decía que le iba estrecho.
Nunca he comido carne de caballo... ¡quien sabe si Mcdonals! jeje



1 comentarios:

Jorge dijo...

Tienes un tio muy raro ¿verdad?

Volvere...saludos