jueves, 12 de noviembre de 2009

Generales como moscas


Un día decidí marcharme a San Felipe, empecé a caminar durante cinco horas, ya de noche y en la llanura, con solo veinte pesos en mis bolsillos, decidí hace una hoguera para entrar en calor, cansado me acurruque junto a una mata quedándome dormido.

Un ruido de chirriar de ruedas me despertó, ¡Vaya! -- exclame – Por suerte hice la hoguera en la vía del tren, y este es el motivo de su parada.
Como paro justamente a la altura de la mata donde estaba recostado, aproveche la oportunidad para colarme en un vagón.

Ya de día llegue a San Felipe, no sabia donde ir, pero por fortuna encontré a mi tío junto con otro hombre y una carreta

-- ¿A dónde vais? – les pregunte --
-- Adonde nos parece – respondió el hombre.
-- Bien – si es así. Me voy con vosotros

En la carreta había una gran caja, pero los caballos eran fuertes y anduvimos a buen paso durante todo el día y toda la noche, al poco rato ya pudimos divisar el Pacífico.

Mi tito, aquel hombre y yo trasladamos la caja a una diminuta ensenada donde aguardaba un vapor.

La caja fue izada a bordo.
-- ¿Todo bien? -- pregunto el capitán del vapor --
-- Todo bien – respondió mi tito

El capitán mando abrir la caja. En su interior había un señor atado y muy bien amordazado.

Pensé que aquel viaje debía de haberle sacudido bastante, pero apenas le sacaron la mordaza y acercado a los labios un vaso de aguardiente recobro inmediatamente la moral y aulló:

-- ¡¡¡Caramba!!!

Y le volvieron a poner la mordaza

-- ¿Ha oído que voz? Le dijo el conductor amigo de mi tío, al capitán
-- Una buena voz lo es todo -- contesto el capitán –
--Dos mil – ofreció el capitán –
-- Dos mil quinientos –replico mi Tío
-- El ultimo que trajisteis no nos gusto nada – afirmo el capi –
-- ¡No lo habrán sabido utilizar! -- replico el amigo de tito –, en Santiago están cotizadísimos.
-- Dos mil trescientos y ni un centavo más – contesta el capi – Consideren que no tiene ni siquiera uniforme
-- Mi tío se puso el dinero en el bolsillo y volvimos a la carreta, mientras el vapor se hacia a la mar.

--Le pregunte a mi Tito --¿ya no trabajas con caballos?
--No –contesto mi tío --, ahora trabajo en suministros de guerra. Vendo generales a los mexicanos.
Cada año hay en México tres o cuatro guerras internas y faltan los generales, aquí pasa lo contrario no hay guerras y sobran generales, tantos como moscas en una caca. Es un trabajo cansado, pero da satisfacciones.

Creo que os falta lo que a mi me sobra...comentaremos las posibilidades para un futuro

2 comentarios:

Jorge dijo...

Conozco San Felipe...Quisiera saber que es lo que a ti te sobra...Gracias

Sonia. dijo...

vine a concoer un poquito mas de ti y me ha sorprendido el blo que estas creando, muy padre el diseño, la musiquita y el contenido esta interesante...
Es un lacer que te hayas dejado descubrir =0)
me instalo por aqui para no perderte la pista.

un saludo